Que el presidente Sarkozy veía a México a protagonizar un acto mediático era una crónica tan anunciada que sólo en la Secretaría de Relaciones Exteriores parecía que no tenían idea.
Sarkozy el presidente francés, persona conservadora de extrema rudeza política desde que fue ministro del interior, había ya protagonizado grandes escándalos mediáticos por sus muy controveridas y racistas opiniones sobre la migración africana y sobre el origen de los disturbios en las inmediaciones parisinas. Su campaña presidencial manejada con maestría sajona es decir con poco contenido y mucho ruido logró empero, desmantelar a la extrema derecha xenófoba jugando a “rebasarla desde la derecha”, y luego moviéndose hacia el centro en la segunda vuelta atrapó una parte considerable de la herencia electoral del candidato centrista Bayrou. Como presidente ha caido en los niveles más bajos de popularidad aunque en materia de política exterior ha logrado importantes triunfos de una diplomacía basada en convicciones y no solo intereses como fueron los casos de las monjas rescatadas de Libia y del caso más notorio de la colombiano-francesa Ingrid Betancourt.
Sarkozy es sobretodo un gran táctico.Apenas ganó la presidencia de la República logró jalar a lideres indiscutibles del campo socialista ofreciéndoles cargos de gran importancia política como fue el caso de Strauss Kahn candidato perdedor en las internas del Partido Socialista y sin duda una futura figura para disputar las presidenciales, ofreciéndole la dirección del Fondo Monetario Internacional. Pero sobretodo ofreció el ministerio de Relaciones Exteriores a una enorme figura mundial en el ámbito de los derechos humanos, Bernand Kouchner.
De suerte que no había ninguna duda que: con un habilidoso canciller, un presidente ávido de exposición mediática, una situación doméstica complicada para él y un caso en México de una indudable secuestradora pero sujeta a un proceso judicial poco transparente; este iba a ser el tema central de su visita.
Uno puede lamentarse que asi sea y que Francia que otrora se asoció con México para lanzar iniciativas de gran envergadura mundial y regional, como las pláticas de paz en El Salvador, o el grupo Contadora, haya ahora preferido usar a nuestro país como base de lanzamiento de une pequeña y mezquina campaña mediática de su Presidente. Pero están en su derecho y era obvio que lo harían.
Lo que no tiene perdón es la ausencia de cualquier idea estratégica, -vamos aunque no fuera estratégica,cualquier idea- sobre para qué podría servirnos como país la presencia del Presidente galo. Mas grave aún, al grado de provocar ternura cuando no vergüenza ajena, es está actitud de la dirección política del Senado y de la Cancillería de creer que estaba tratando con el abarrotero de la esquina y no con el Presidente de una nación soberana, al sugerirle que el tema de marras no lo fuera a tratar en su intervención
ante el
Senado. Verdadaderamente dan grima.
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